jueves, 14 de abril de 2011

John Keats-To Autumn (Oda al otoño)



To Autumn
 
Season of mists and mellow fruitfulness, 
  Close bosom-friend of the maturing sun; 
Conspiring with him how to load and bless 
  With fruit the vines that round the thatch-eves run; 
To bend with apples the moss’d cottage-trees,        
  And fill all fruit with ripeness to the core; 
    To swell the gourd, and plump the hazel shells 
With a sweet kernel; to set budding more, 
  And still more, later flowers for the bees, 
  Until they think warm days will never cease,         
    For Summer has o’er-brimm’d their clammy cells. 
 
Who hath not seen thee oft amid thy store? 
  Sometimes whoever seeks abroad may find 
Thee sitting careless on a granary floor, 
  Thy hair soft-lifted by the winnowing wind;         
Or on a half-reap’d furrow sound asleep, 
  Drows’d with the fume of poppies, while thy hook 
    Spares the next swath and all its twined flowers: 
And sometimes like a gleaner thou dost keep 
  Steady thy laden head across a brook;         
  Or by a cyder-press, with patient look, 
    Thou watchest the last oozings hours by hours. 
 
Where are the songs of Spring? Ay, where are they? 
  Think not of them, thou hast thy music too,— 
While barred clouds bloom the soft-dying day,         
  And touch the stubble plains with rosy hue; 
Then in a wailful choir the small gnats mourn 
  Among the river sallows, borne aloft 
    Or sinking as the light wind lives or dies; 
And full-grown lambs loud bleat from hilly bourn;         
  Hedge-crickets sing; and now with treble soft 
  The red-breast whistles from a garden-croft; 
    And gathering swallows twitter in the skies.

Oda al otoño

Estación de las nieblas y fecundas sazones,
colaboradora íntima de un sol que ya madura,
conspirando con él cómo llenar de fruto
y bendecir las viñas que corren por las bardas,
encorvar con manzanas los árboles del huerto
y colmar todo fruto de madurez profunda;
la calabaza hinchas y engordas avellanas
con un dulce interior; haces brotar tardías
y numerosas flores hasta que las abejas
los días calurosos creen interminables
pues rebosa el estío de sus celdas viscosas.
¿Quién no te ha visto en medio de tus bienes?
Quienquiera que te busque ha de encontrarte
sentada con descuido en un granero
aventado el cabello dulcemente,
o en surco no segado sumida en hondo sueño
aspirando amapolas, mientras tu hoz respeta
la próxima gavilla de entrelazadas flores;
o te mantienes firme como una espigadora
cargada la cabeza al cruzar un arroyo,
o al lado de un lagar con paciente mirada
ves rezumar la última sidra hora tras hora.
¿En dónde con sus cantos está la primavera?
No pienses más en ellos sino en tu propia música.
Cuando el día entre nubes desmaya floreciendo
y tiñe los rastrojos de un matiz rosado,
cual lastimero coro los mosquitos se quejan
en los sauces del río, alzados, descendiendo
conforme el leve viento se reaviva o muere;
y los corderos balan allá por las colinas,
los grillos en el seto cantan, y el petirrojo
con dulce voz de tiple silba en alguna huerta
y trinan por los cielos bandos de golondrinas.





John Keats (1795-1821)
To Autumn (Oda al Otoño)
Traduccion: Rafael Lobarte
Referencia electrónica del texto: http://bartleby.com/126/47.html
Referencia electrónica del video: http://www.youtube.com/watch?v=lZwSqndKwDw
Créditos: Alcántar Martínez José Luís 511

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